¿Cuál es la relación de la homogeneidad con la porcicultura?

¿Cuál es la relación de la homogeneidad con la porcicultura?

¿Usted ya se ha puesto a pensar que el promedio es una de las principales invenciones en términos de referencia estadística? Calculamos promedios para casi todo lo que conocemos: personas, animales, objetos. Es casi imposible encontrar alguna cosa que no se haya calculado el promedio.

Pero, a pesar de reinar como protagonista en muchas situaciones, ese concepto no es capaz de responder a muchas de nuestras preguntas. ¿Sabe por qué? Es que el cálculo del promedio elimina la diversidad, reduciendo todo a sus términos más simples. Si trabajamos solamente con el promedio, corremos el riesgo de simplificar excesivamente, olvidándonos de las variaciones que hay en torno al valor medio.

Para que podamos ver más allá del promedio, debemos inserir en nuestros análisis una mirada objetiva para las variaciones. ¿Cuánto las cosas cambian? ¿Cuál es el tamaño de esos cambios? ¿Qué causa las variaciones? Esas respuestas nos ayudan a comprender mejor lo que los estadísticos llaman de variabilidad – un concepto que permite la toma de decisiones basadas a los factos y no a opiniones o conjeturas.

Con el paso del tiempo, los conceptos de estadística – especialmente el promedio y las variaciones – encontraron un amplio campo de aplicación y la búsqueda incesante por calidad ha convertido esos conceptos en herramientas esenciales para la mejoría de los procesos productivos. Entonces, cuando se alcanza un alto nivel de control del proceso productivo, podemos decir que la producción está homogénea, controlada, dentro del padrón. Uno de los grandes beneficios es que cualquier alteración en el flujo productivo, o sea, una ruptura de la homogeneidad, indica un problema, que puede ser rápidamente identificado.

Pero, ¿cuál es la relación de la homogeneidad con la porcicultura?

Usted puede estar preguntándose cuál es la relación de la porcicultura con ese montón de conceptos matemáticos. Y ahora usted va a descubrir que tiene todo que ver. Para mejor explicar, vamos a utilizar una parte del proceso de producción de un lechón – del servicio al destete – para mostrar cómo la homogeneidad es importante para la porcicultura. Imagine una granja “A” dónde la meta de servicios es de 80 por semana, pero que, en función de un proceso desregulado e instable, realiza – en el periodo de un mes – los 80 servicios en una semana y en otras semanas varía entre 80, 78 y 84. Seguramente, esa instabilidad va a afectar el flujo de producción, comprometiendo la cantidad de partos, destetes y todos los demás procesos involucrados en esas etapas (atención a los partos, corte de diente y cola, vacunación, limpieza y desinfección de las instalaciones).

En contraposición, si imaginamos una granja “B”, dónde el proceso de servicio sigue la meta establecida de forma rigurosa, ciertamente vamos a tener un flujo estable para partos y destetes. En caso de que aparezca alguna variación brusca en esa granja, será mucho más fácil encontrar el problema y disminuir el tiempo necesario para su corrección. Entonces responda rápido: ¿usted prefiere tener la granja “A” o la “B”?

Queda claro, entonces, que la búsqueda por la homogeneidad de la producción requiere que se mantenga la estabilidad en cada proceso. Para eso, es de fundamental importancia disponer de una buena herramienta y de un método eficiente para recolección y análisis de las informaciones. Así es posible ir directo al punto, descubriendo no solo que hay una falla, sino también dónde ella está – lo que representa una oportunidad real de mejoría. Para que eso se convierta en efectivo dentro de la granja o integración, hay que cambiar la forma de evaluar los procesos, dejando de analizarlos por los promedios y volviéndose para cada entrega, analizándolas en porciones más individuales posible: lote, madre o lechón. Dependiendo de lo que se está gestionando.

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