El dolor de crecer (por Everton Gubert)

Queridos amigos, hace unos años tuve la alegría de ser padre y cualquiera que pasa por una gracia como esta sabe que los niños nunca dejan de sorprendernos, de enseñarnos y de hacernos recordar situaciones de la infancia que incluso habíamos olvidado. Hace unos días, mi hijo me recordó acerca de una de ellas.

Volvió de la escuela y vino directamente a mí, quejándose de que tenía dolores en las piernas. Dijo que la maestra le había dicho que podrían ser los dolores del crecimiento. En el momento en que oí su relato fue como si me pasara una película en la mente y empecé a recordar los dolores que tenía en los huesos cuando era niño, exactamente por la misma razón. Por lo que le hice un ligero masaje en sus piernitas y le expliqué que ese dolor, a pesar de difícil, era para su bien, una señal de que estaba creciendo y que un día sería grandote.

Mucho más que recordar una situación de mi infancia, este episodio con mi hijo me hizo pensar que este tipo de dolor, característico de nuestra infancia, también se produce de forma muy similar en el mundo de los negocios. La diferencia es que, en las empresas, este dolor no se produce sólo en la infancia (lo que equivale a los primeros años de la empresa) sino que la persigue durante todos los momentos de crecimiento, por el resto de su vida.

Todo emprendedor cuando decide crear un negocio, sin lugar a dudas lo hace pensando y soñando con su crecimiento (al menos hasta hoy no he conocido a nadie que haya creado algo para no crecer). Lo que no imagina – especialmente si es un empresario primerizo con poca experiencia – es que, al igual que sucede cuando somos niños, crecer duele. De una manera casi contradictoria, uno sueña con el crecimiento, pero cuando llega, surgen muchos desafíos.

Inspirado por mi hijo, decidí traer a colación este tema para compartir un poco de lo que ya he vivido en estas fases de crecimiento. También porque veo que esto sucede con muchos asociados en todo Brasil, que hasta ayer tenían un negocio pequeño, más familiar, y hoy, impulsados por la consolidación de los sectores en los que operan, necesitan hacer negocios cada vez más grandes y en proporciones mucho mayores de lo que alguna vez soñaron.

Hay muchos tipos de dolores que se experimentan cuando se está creciendo y podría escribir un libro sobre ello. Como este no es el caso, me gustaría destacar – entre todos los dolores por los que he pasado – dos dolores. Uno de los más notorios y difíciles de librarse es aprender a delegar. Cuando se crea un negocio y empieza a funcionar, mucho de lo que “funciona” se debe a que usted hace muy bien aquello. En esta fase usted está muy cerca de la operación. De hecho, usted es prácticamente la operación y sabe cómo hacer que el proceso suceda con los ojos cerrados. Sin embargo, el negocio necesita desarrollarse en muchos aspectos y es necesario contar con más gente que ayude, de lo contrario no hay crecimiento. Pero ¿cómo soltar algo que usted hace con excelencia para que otra persona que ya no lo hará de la manera – y con el celo – que usted lo hace? ¡Créame, eso duele en el alma!

El otro dolor es sobrellevar el juicio de las personas que se sienten perjudicadas por los cambios y las decisiones que se deben implementar para el crecimiento de todos, pero que no satisfacen a todos. Algunas personas incluso dejan la compañía por esta razón y ni siquiera dan la oportunidad de oír sobre los elementos de una determinada decisión. Y el mayor dolor es la partida de una persona en la que usted apostó mucho, dedicó su tiempo, capacitó y con quien creyó haber desarrollado un alto grado de confianza. El crecimiento inevitablemente conlleva cambios y no importa cuánto usted se esfuerce por mantener a todos informados sobre lo que está sucediendo, lo que está cambiando y lo que está por venir, muchas personas que se sienten seguras con lo que ya está dominado no soportarán cambiar y crecer junto. El dolor que golpea al emprendedor, al líder, también golpea al equipo.

No hay crecimiento sin dolor. Lo que he aprendido es que las primeras veces parece que el dolor nos matará, pero con el tiempo el dolor se convierte en una señal excelente. Si no lo siente desde hace mucho tiempo, es porque tal vez esté estancado y empezando a morir. Pero, créame: al igual que sucede con los niños, si el dolor está presente, lo está ayudando a ser grandote.

Fuente:
Artículo de Everton Gubert, CEO de Agriness, para su columna “Punto de Partida” en la Revista Feed&Food. Publicado en la edición de septiembre de 2019.

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